Y ya con miras al 2030, sin haber resuelto ni la mitad de los problemas estatales, tenemos al gobernador del estado de Nuevo León. No me malinterpreten: a pesar de que en cada publicación que hago, en parte, es contra él, lo hago porque es el actual gobernador del estado y se nota a leguas que nunca vive en el presente; es el gobernador del futuro, todo es lo que pasará y se la pasa con promesas. Tan en el futuro vive que ahora se saca de la manga que el 66.8% de… quién sabe quién, porque solo dijo el 66.8% de la gente está de acuerdo en que busque la presidencia en el 2030. Mientras tanto, aquí vivimos con todas las cosas a medio hacer y las conciliaciones entre servidores públicos se quedan estancadas por intereses partidistas y personales.
A quien se le nota cada vez más lo que ya se notaba desde hace mucho es al secretario general de gobierno, quien, en la búsqueda de mediar el tema del presupuesto, se aventó la frase: “cuenten con un servidor para seguir viendo cómo Nuevo León sigue ascendiendo”. Que no se acabe la bonita costumbre de hacer campaña desde antes con panorámicos pagados por todos lados y frasecitas domingueras que nomás se las creen entre ellos. Lo que tiene que buscar que ascienda son el número de expedientes resueltos por el Congreso, que ya tiene más de 2,000 expedientes rezagados.
La política se ha degradado a un simple concurso de popularidad. Entre frasecitas y porcentajes inventados, el don de servicio y la capacidad técnica han quedado en el olvido. Nuevo León no necesita candidatos para la próxima década; urge que, por una vez, gobiernen para el presente.
