¿De qué más se puede hablar, después de este fin de semana, que de la captura de Maduro? Obviamente, el gobernador de el estado de Nuevo León también tenía cosas que opinar y mantener esa relevancia en redes sociales que tanto le gusta. Es momento de que pensemos: ¿cómo es que una persona como Nicolás Maduro se embriaga tanto de poder que haría lo que fuera para perpetuar su estancia en el poder? Elecciones fraudulentas, presos políticos, censura de medios, ocultar presupuestos, pelearse con los que no piensan como él, usar a sus hijas con fines políticos, querer impulsar a su esposa para cargos públicos… no sé, mil cosas que podrían pasarle por la cabeza a los enfermos de poder.
Gracias a Dios, en nuestro país no pasa eso. Solo tenemos que vivir día a día con políticos que, en lugar de hacer política —que es su trabajo—, se la pasan o lloriqueando porque los exhiben, o exhibiendo a otros.
Se les olvida que su trabajo es negociar entre ellos para el bien de el pueblo. Y por negociar no digo que estén jugando un póker político con los recursos, sino escucharse entre todos los que el pueblo puso en donde están. Integrar todas las áreas de el gobierno para trabajar juntas como lo que son: un gobierno completo. Olvidan que, cuando son electos, dejan de ser un candidato de un partido político para convertirse en una parte de un todo, un gobierno.
No por nada somos segundo lugar nacional en delitos electorales y, por cuarto año consecutivo, el presupuesto no se aprobó. En este kínder de gobernantes donde el que tiene el más alto puesto del gobierno estatal critica a Maduro, siendo un inmaduro.
